Hablaste no sé qué de unas nubes granates, que si las veías pegadas en mi cuerpo y escondidas bajo las sábanas y no sé qué cosas más. Ya sé que yo soy el cabrón y tú eres la poetisa de sensibilidad incandescente, pero cuando estoy fuera de ti, con otra gente es otra cosa, siempre gano en pensamientos abstractos. Contigo soy el que asiente con la cabeza, entendiéndote siempre a medias encadenado a tu cintura. Y claro que había visto Dolls, cuando hablabas de estar unidos por una cuerda, que eso era amor, y no te dabas cuenta que eso lo jode todo, porque date cuenta Stephanie que estamos en la ducha, medio abrazados, tocándonos y todo eso y empiezas a hablar de Kitano, para luego decirme que soy epidérmico. Lula ya me lo advirtió el día que cenamos todos en el All You Can Eat tailandés. Me dijo algo así como que creías ser divina, que veías y sentías más que los demás y que pensabas vivir de tu arte estando quieta. Y sí que irradias algo diferente, que no sabemos qué es, pero desde luego estando quieta no vas a ningún lado. Sentados en los sillones del Nero Cafe en Picadilly Market nos dijiste que sufrías las relaciones, que te incomodaba todo contacto humano y que Nyingchi y una cueva.