Ahora que no estás te imagino en el bidé
Caminábamos por Great Marlborough St con nuestras bufandas cual sogas, tú con tus converse agujereadas y los calcetines empapados que más tarde escurrí en tu cara riéndome. Yo con el pelo tan aplastado por la lluvia y tan engrasado, y me dijiste que podías ver el cielo reflejado en él. Nos paramos en el escaparate de Grant & Cutler y te fijaste en la cubierta de L’Ombre du vent: la calle en blanco y negro, el padre y el hijo caminando de la mano y la neblina. Tus sensaciones hacia esa foto te impedían abrir el libro, tenías miedo de las palabras tergiversando tus emociones hacia la foto. Sabía de qué hablabas, pero sólo lograba entenderte desde la nuca y en aquel momento quise abrazarte y chuparte la piel, pero te empujé de la cintura y entramos en la tienda.
Recuerdo con detalle aquellas tardes de invierno en la librería, alargando el camino hacia la cama de tu buhardilla, sentados en el suelo leíamos libros. Nunca podré distanciarte de las vivencias de ese antihéroe enamorado llamado Marcos Parra, que sobrevivía en una ciudad desarrapada e inerme dentro del libro que por entonces leía y que nunca compré. Cada cuando venías para darme un beso pero inmediatamente te escurrías y volvías a la sección de Travel guides. Me fijé en la forma que cojías los libros y cómo te impregnabas sólo de sus ilustraciones y fotografías.
(…)
Ahora mi visión se cierra y nos imagino navegando en una balsa como la de Théodore pero solos y casi microscópica en las aguas tibias de mi bidé. Los dos apartados de todo, en una situación limite –tenemos que mantenernos a flote ¿no lo entiendes?- luchando contra la corriente, sólo importa eso y eso nos alimenta aun más, Stephanie. Te oigo decir que es mejor dejarnos arrastrar para poder encallar la balsa justo debajo del chorro, allí descansaremos y podremos besarnos. Creerás que estoy loco pero es solo imaginación.


flaqui dijo
me repito... jeje muy bueno
10 Julio 2007 | 02:24 AM